Results tagged ‘ las grandes ligas ’

Luis Aparicio: “El béisbol me dio todo”

Luis Aparicio comentó a La Verdad sobre las bondades del béisbol venezolano en las Grandes Ligas. Hoy en el Zulia se celebra el día de Luis Aparicio, en homenaje a su excelsa trayectoria. El zuliano cree que la pelota criolla está “en su mejor momento”

“El béisbol es igualito. Lo que cambian son los peloteros”. Esa es la visión de Luis Aparicio sobre el deporte que lo inmortalizó en el Salón de la Fama de las Grandes Ligas y que lo cataloga como el principal representante venezolano en la historia de la pelota criolla.

Con gran parte de los mejores números entre los campocortos que están exaltados en el pabellón de los inmortales de Cooperstown, Aparicio es una voz certificada para analizar la actualidad del béisbol criollo en las Mayores.

“Venezuela está pasando por el mejor momento de su historia en Grandes Ligas. Ojalá que los que estén y los que están por llegar no echen a perder eso”.

Béisbol de estudio

Aparicio asegura que la inteligencia sobre el terreno es una herramienta la principal para la continuidad en el Big Show.

“Uno tiene que estudiar el béisbol, pues no es nada fácil. El pelotero que no es inteligente se queda porque batea mucho, pero no porque sabe jugar béisbol.

El béisbol no es sólo ser bueno con el bate, pelota y guante. Fíjate, yo me retiré cuando me dijeron que me iban a cambiar para otra liga. Yo les dije a los gerentes que yo no conocía cómo se juega en la Nacional y a esa edad no iba a aprender a jugar otro béisbol al que conocía.

En la otra liga, la zona de strike era diferente y eso es algo muy difícil de adaptarse. Así que agarré mis macundales y me vine directo a Maracaibo ‘City’”, agregó Aparicio entre risas.

Criollos en la elite

Aparicio describió a su manera quién sería para él el prototipo del bateador venezolano.

“Ser bueno en el home abarca muchas cosas. Hay que ser un gran bateador de sencillos, saber mover a los corredores, tener poder y eso es algo muy difícil de conseguir en un pelotero. De los que yo he visto, creo que Teolindo Acosta se asemeja a eso. Él dio líneas hasta que se cansó. Ese sí dio hits, &39;mano&39;”.

El histórico campocorto no se olvido del último campeón bate de la Liga Americana. “Hablar de Miguel (Cabrera) es hablar de otro nivel de bateador. Yo a él no lo he visto tanto, pero toda la prensa que sabe de béisbol no puede estar errada”.

Defensivamente el “Inmenso”, cree que su guante, junto al de Omar Vizquel y David Concepción, ha marcado una pauta, pero cree que todo irá evolucionando. “Ahora hay grandes guantes venezolanos en todas las posiciones. Yo creo que eso se debe a que hay muchos jóvenes a nivel de Doble A, trabajando fuerte en su defensiva. En esa liga de donde sale el verdadero talento de las Grandes Ligas”.

La historia del 11

Pasarán 100 años más para que el número que puso a Venezuela en lo más alto del béisbol mundial tenga tanta trascendencia como el día de hoy. La fecha 11/11/11 es la que perfectamente exalta la inmensidad de lo que significó el dorsal del único venezolano criollo que hasta ahora tiene su nombre escrito en las paredes del Salón de la Fama del Béisbol de las Grandes Ligas en Cooperstown: Luis Aparicio.

Muchas han sido las historias contadas sobre el origen del número que inmortalizó Aparicio con los uniformes de Medias Blancas de Chicago, Orioles de Baltimore y Medias Rojas de Boston, pero el mismo inmortal conversó con La Verdad sobre el origen de la cifra que hoy celebran todos los zulianos.

“Cuando yo jugaba en ligas menores con Chicago tenía el número uno, pero cuando me subieron ya ese uniforme lo tenía otro jugador (George Kell); entonces, para yo poder seguir teniendo el uno en la camisa, le agregaron otro uno”, contó Aparicio junto a su hijo Nelson.

“Aquí en Venezuela ese número lo tengo desde que estuve con La Guaira y desde entonces lo usé toda la vida aquí y allá (en Grandes Ligas)”.

Un agradecido

Para muchos, Aparicio ha exaltado la pelota criolla en los más altos niveles, pero para el propio inmortal zuliano es él quien tiene una deuda enorme con el deporte que lo dio a conocer.

“Muchos me dicen en entrevistas que yo he hecho mucho por el béisbol venezolano y fíjate que es todo lo contrario, el béisbol me dio todo a mí. Ponte a ver, a Luis Aparicio lo conocen por el béisbol”.

“Yo todo lo que tengo se lo debo al béisbol, hasta mi familia viene del béisbol. Fíjate que a mi esposa la conocí en el Yankee Stadium y hoy por hoy soy el hombre más feliz del mundo por aprender a jugar a la pelota”.

En casa

Para Aparicio, celebrar mañana en su tierra natal le trae a la mente grandes recuerdos de su ilustre carrera y el orgullo de formar junto a su padre gran parte de la historia beisbolera de la región zuliana.

“No te imaginas el orgullo que se siente saber que el estadio de todos los zulianos tenga la estatua de tu papá, lo que pasa es que uno se calla eso y trata de llevarlo por dentro”.

A sus 78 años Aparicio no esconde la admiración que siente por el “Grande”. “Gracias a lo que me enseñó papá aquí en Maracaibo pude alcanzar el tope para un pelotero: el Salón de la Fama”.

“Desde que uno agarra un guante para dedicar su vida a la pelota uno siempre debe buscar superarse y tener como meta llegar ahí, es lo más grande que le puede pasar a un pelotero”.

Sus aliados

Con el sentido del humor característico de todo marabino Aparicio habla sobre lo que significa ser parte del pabellón de los inmortales de Cooperstown y sobre quién espera que lo acompañe en ese honor.

“Ser del Salón de la Fama es una gran responsabilidad, uno tiene que cuidar mucho su imagen ante la sociedad y mi familia siempre ha sido mi gran aliada en eso”.

Al momento de señalar quién puede ser el segundo criollo inmortalizado, “Luisito” no tuvo “palos en la lengua” para opinar: “Hay gente que no quiere entender lo ‘arrecho’ que es llegar a Grandes Ligas, y aún más ‘arrecho’ jugar 19 años de la manera como lo hizo David Concepción, ese señor debe estar en el Salón de la Fama”.

EN BUENAS MANOS

La historia del número 11 con los Medias Blancas de Chicago tendrá siempre la particularidad de que fue usado por dos de los mejores guantes venezolanos que el béisbol de las Grandes Ligas pudo presenciar: Luis Aparicio y Omar Vizquel.

“En mejores manos que las de Omar no va estar ese número. Ese número no es mío, eso le pertenece a Chicago, pero si yo tenía que darle permiso para ponérselo, creo que fue un orgullo el podérselo ceder a otro venezolano como él”.

Sobre la continuidad de Vizquel en Grandes Ligas, Aparicio fue claro: “Nosotros somos muy buenos amigos, pero él (Vizquel) hizo algo que yo no lo hubiese hecho. Yo como Omar no dejo que me cambien de posición; ¿por qué? Porque él es el mejor SS que hay ahora”.

Wilmer Reina – wreina@laverdad.com – Maracaibo /  http://laverdad.com/detnotic.php?CodNotic=73460

Ofensiva en MLB aumentó levemente en 2012

NUEVA YORK — La ofensiva en las mayores aumentó levemente esta temporada, luego de cinco años consecutivos de declive. Los ponches alcanzaron una cifra récord y las bases por bolas descendieron a su punto más bajo desde 1968.

El promedio de carreras por juego subió de 8.57 a 8.65, según las estadísticas compiladas por STATS LLC.

El promedio tuvo su momento más alto con 10.28 en 2000, tres años antes que las Grandes Ligas y el gremio de peloteros establecieron un programa de controles antidopaje. La media había sido de 9.72 en 2006 antes de iniciar una espiral de descenso de cinco años consecutivos.

En cuanto a los jonrones por partido, la cifra repuntó a 2.03 esta campaña. El pico fue de 2.34 en 2000 y luego se hundió a 1.87 el año pasado, el punto más baja desde 1.78 en 1993.

El promedio de bateo de .255 quedó igual al del año pasado, manteniéndose como el porcentaje más bajo desde 1989.

En cuanto al promedio de carreras limpias permitidas, el guarismo subió a 4.01 en contraste al 3.94 de la pasada temporada.

El promedio de embasado de .319 fue el más flojo desde 1988 y los boletos concedidos descendieron de 6.18 a 6.05, la cifra más baja desde 5.63 en 1968. Los ponches subieron de 14.29 a 14.99. El punto más bajo de los ponches se dio con 9.54 en 1978.

 

 

 

Buster Posey encabezó las Grandes Ligas con promedio de .336 en el 2012.

Harper fue el Novato del Mes en la L.N.

El jardinero de los Nacionales de Washington, Bryce Harper, ha sido nombrado el Novato del Mes de la Liga Nacional por el mes de septiembre.

En 28 compromisos el mes pasado, Harper encabezó las Grandes Ligas con 26 carreras anotadas y quedó en el segundo lugar entre bateadores del Viejo Circuito con slugging de .651 y un total de 69 bases.

Harper terminó primero entre novatos de la L.N. con siete jonrones y 35 imparables y en el segundo lugar con promedio de bateo de .330.

 

 

 

Milwaukee borra desventaja y vence a N.Y.

MILWAUKEE — Rickie Weeks conectó cuadrangular de dos carreras en una cuarta entrada de cinco carreras con la que los Cerveceros de Milwaukee vencieron el sábado 9-6 a los Mets de Nueva York.

Perdiendo 4-1 en el cuarto episodio, los Cerveceros sacaron un racimo de cinco anotaciones para ganar por 19na ocasión en 25 partidos y seguir vivos en la caza por un puesto de comodín. Los Mets perdieron por novena ocasión en 11 partidos.

El cuadrangular de Weeks coronó el inning y fue el 20vo de la temporada. Asimismo, el toletero pegó doblete, anotó dos carreras e impulsó tres más. El relevista Brandon Kintzler (2-0) lanzó una quinta entrada sin recibir carrera para llevarse el crédito de la victoria.

El dominicano Jenry Mejía (0-1) lanzó tres episodios en su primera apertura en las Grandes Ligas exactamente dos años después de someterse a una cirugía de reconstrucción de ligamento cubital.

Por los Mets, el panameño Rubén Tejada de 5-1 con una carrera anotada y una impulsada. Los dominicanos Jordany Valdespin de 5-1 con una anotada; y Mejía sin turno oficial al bate con una carrera impulsada.

Por los Cerveceros, los dominicanos Aramis Ramírez de 4-1; Carlos Gómez de 3-0; Jean Segura de 3-2 con dos carreras anotadas.

 

 

 

José Altuve estará 20 juegos con el Magallanes

El segunda base quiere descansar luego de su primera temporada completa como titular en las Grandes Ligas

 

 

Caracas.- El segunda base de los Navegantes del Magallanes y los Astros de Houston dijo que piensa reducir su tiempo de juego en la liga invernal a aproximadamente 20 juegos en diciembre.

“Necesito un descanso” dijo el venezolano en declaraciones que recoge la web de los Astros. “Cuando llegue a Venezuela, voy a descansar y después jugar un poco hacia el final de la temporada. Así tendré suficiente tiempo de descanso”, agregó.

Altuve jugó completa la campaña 2011-2012 con el Magallanes y sin descansar inició los entrenamientos en el Spring Training y ahora juega en su primera temporada completa como titular de en la segunda base de Houston.

Y aunque el venezolano asegura estar en buenas condiciones quiere descansar.

“El año pasado estaba un poco cansado pero hice mi trabajo en el Spring Training y me siento bien. Creo que mi swing está bien y mis piernas están bien. Voy a seguir trabajando duro para terminar la temporada con fuerzas y después ir a Venezuela y divertirme un poco”, concluyó.

 

 

Burnett fue Jugador de la Semana en la L.N.

El abridor de los Piratas, A.J. Burnett, ha sido nombrado Jugador de la Semana en la Liga Nacional para el período que terminó el 5 de agosto.

Burnett tuvo marca de 2-0 en dos salidas la semana pasada, para llegar a las 14 victorias en la temporada del 2012. El derecho encabezó las Grandes Ligas con 17.2 innings lanzados y compartió el primer lugar en victorias.

En sus dos partidos Burnett tuvo efectividad de 1.02. El martes pasado, el diestro lanzó una blanqueada de un hit ante los Cachorros, mientras que el domingo concedió apenas dos imparables en 8.2 entradas para ganarle a Cincinnati.

Para Burnett es la cuarta vez en su carrera que es reconocido como Jugador de la Semana.

 

 

 

La construcción de un receptor estelar

 

Carlos Ruiz Carlos Ruiz of the Philadelphia Phillies poses for a portrait during the spring training photo day on February 21, 2008 at Bright House Field in Clearwater, Florida.

 

El primer día de su carrera, Carlos Ruiz se maravilló de lo mucho más pequeño que era entre la mayoría de los jugadores. Había llegado al complejo de los Filis de Filadelfia en la República Dominicana en 1998 quizás como el jugador menos cotizado de la organización.
Ruiz había sido firmado unos miserables $8.000, lo que significaba que fue escogido por una broma porque se estaba convirtiendo de intermedista a receptor, una posición que nunca había jugado. Para llegar hasta la República Dominicana, Ruiz tuvo que convencer a Inocencia, su amada madre, una maestra de escuela, que el viaje valía la pena porque de primera instancia parecía inútil.
Para perseguir su sueño, Ruiz, entonces con 19 años, abandonó la universidad, donde trabajaba para obtener un título en educación física. No podía haber un jugador en la organización con menores probabilidades de llegar a las Grandes Ligas.
Pero los sueños existen por una razón, para provocarlo a uno a alcanzar lo inalcanzable, para luchar por lo imposible. Así que Ruiz, el improbable jugador de béisbol profesional de Panamá (sólo siete de dicho país estaban este año en los rosters del Día Inaugural), se fue a una tierra extranjera. Los ajustes culturales que Ruiz habría de hacer en la República Dominicana fueron muchos: comidas diferentes, dialectos diferentes, personas diferentes, cultura diferente. Sería una vida completamente diferente.
La competencia sería feroz. Los compañeros dominicanos de Ruiz en el equipo eran más rápidos, más altos, más fuertes y se desempeñaban con una valentía espectacular, mientras que él era grueso, corto y tímido. Sin embargo, Ruiz — quien aparece listado con 5 pies, 10 pulgadas pero probablemente esté más cerca de los 5 pies y 8 pulgadas — estaba decidido a demostrarle a todos los jugadores mayores que él era tan bueno como cualquiera de ellos.
Cuando todo el equipo se alineó para la primera reunión, Ruiz parecía casi un niño, aunque era más viejo que la mayoría de los otros jugadores. Con certeza, en aquel primer día no muchos hubieran pensado que el calmado Ruiz, quien apenas pronunció una palabra en ese primer día, lograría algún día salir de la academia y mucho menos llegar a las Grandes Ligas.
Él probaría que todos estaban equivocados.
Vale la pena recordar una y otra vez el primer día de la carrera profesional de Ruiz para comprender verdaderamente lo improbable que ha sido su carrera.
Bajo cualquier variedad de medidas, ya sea de la vieja escuela (promedio de bateo) o de la nueva escuela (victorias por encima del reemplazo o WAR), Ruiz es el mejor receptor por estadística en el béisbol de este año. En un momento en que la posición empieza a tambalearse ofensivamente — los receptores tuvieron el año pasado los peores registros de OPS de cualquier posición — las estadísticas de Ruiz (.349/.411/1.000 a mitad de semana) lo convierten en uno de los mejores 10 jugadores en la mayoría de las estadísticas. Cuando en una posición como la receptoría se ha evolucionado hacia jugadores más altos y elegantes y como Buster Posey y Matt Wieters, el regordete y robusto Ruiz se ha convertido en la marca de referencia.
“Es notable lo que ha hecho”, dice Mike Arbuckle, el ejecutivo de los Reales de Kansas City, anteriormente y por mucho tiempo el coordinador de ligas menores de Filadelfia.
Arbuckle estima que cada año los equipos eligen a dos jugadores para convertirlos en receptores, aunque muchos de ellos se habían desempeñado anteriormente en la receptoria en algún momento de su juventud. Es casi un milagro cuando cualquiera de estos conversos llega a las Grandes Ligas en cualquier papel.
Para Ruiz se convirtiera en un jugador Todos Estrellas, los Filis tuvieron que construir un receptor desde el principio. Sería un proceso largo y difícil que requeriría muchas horas de trabajo para Ruiz, y aún así no sería seguro el éxito. Para los Filis, el riesgo y la inversión fueron mínimas. Si no funcionaba, se trataría entonces de encontrar otra de las joyas del año siguiente con otro par de conversos. Sin embargo, Ruiz había puesto todo su futuro en lo que parecía ser una apuesta monumental.
“Ese primer día disfruté mucho jugar en la posición, ¿sabes?”, recuerda Ruiz. “Creo que fue algo predestinado. Así suceden las cosas en la vida”.
Dos veces antes de 1998, los Filis había rechazado la oportunidad de firmar a Ruiz, una vez como lanzador, la otra como jugador de segunda base. Allan Lewis, el escucha de Panamá, lo intentó por tercera vez cuando Sal Agostinelli se unió a la organización en 1998 como director de reclutamiento internacional.
Si bien Agostinelli no vio a Ruiz como una posibilidad cuando trabajó con él, Lewis sugirió que tal vez debían probarlo en la receptoría. Después de un par de ejercicios, Ruiz mostró la suficiente destreza física detrás del plato para sugerir que podría adaptarse a la posición. Fue firmado por $8.000 dólares y destinado a la República Dominicana.
Ruiz sobrevivió a la vida en Dominicana, al aprender los aspectos básicos de la receptoría y demostrar que era un bate capaz.
En su primer día como profesional en RD, Ruiz ni siquiera pudo atrapar un débil elevado. Durante uno de los primeros ejercicios de ese primer día, un coach le conectaba los elevados hacia el brillante cielo caribeño. Ruiz dio un giro sobre si mismo y cayó de espaldas, y la pelota terminó en el terreno.
La pelota era casi imposible de atrapar. Se movió en direcciones que él jamás había visto. Como jugador del cuadro, quizás Ruiz pudo haber leído mejor la dirección de la pelota. Pero al venir de un ángulo tan inugual, Ruiz se perdió. Ante tal tarea, cualquier otro jugador novato se habría decepcionado.
Pero durante las siguientes semanas, Ruiz se enfocó en ese tipo de elevados hasta que los logró atrapar de forma consistente.
Después de dos temporadas en ese país, se posicionó para jugar su primer año en los Estados Unidos, a pesar de que todavía no era conocido por la mayoría de los funcionarios de la oficina central del equipo.
En la primavera del 2000, Mick Billmeyer, el recién nombrado coordinador de la receptoría de las menores llegó en Clearwater, Florida, para trabajar con grupo de jóvenes receptores de los Filis en un entrenamiento primaveral extendido. Sabía muy poco acerca de Ruiz. Tenía pocas razones para saber.
No había instrucciones específicas de que Billmeyer fuera a trabajar exclusivamente con Ruiz. No era más que otro receptor. Tal vez incluso menos que eso. Había muchas otras prioridades.
Durante la primera reunión del equipo, Billmeyer notó de inmediato al receptor latino que no dijo ni una palabra. Se acercó a Ruiz y se dio cuenta de que el joven reservista casi no hablaba inglés. Este iba a ser un reto, pero fue uno que Billmeyer aceptó con entusiasmo. Tal vez en parte por su dedicación al trabajo, tal vez porque Ruiz parecía prestar mucha atención a cada palabra que decía a pesar de no decir mucho, Billmeyer comenzó a interesarse por el muchacho panameño.
Para medir la capacidad de Ruiz, Billmeyer le pidió a Ruiz que realizara unas cuclillas.
“¿Estás listo?”, le preguntó Billmeyer. Ruiz asintió con la cabeza.
Billmeyer se dio un codazo a Ruiz en la cabeza, y se cayó sobre su espalda.
“No tienes balance,” le dijo Billmeyer, pronunciando las palabras en español.
Fue un momento monumental. Ruiz no sólo aprendió que tenía mucho por conocer, sino también que había gente dispuesta a trabajar con él. Ambos se rieron del intento de Billmeyer de hablar español, pero fue un momento de conexión. El entrenador demostró que estaba dispuesto a hablar con Ruiz en su idioma.
Después que Ruiz se levantó de su caída, Billmeyer se puso en cuclillas y le mostró a Ruiz que una de sus rodillas apuntaba hacia la segunda base y la otra hacia campo corto, y no hacia el cielo. Eso le daría el equilibrio que se necesita para moverse hábilmente detrás del plato.
Billmeyer y Ruiz desarrollaron una amistad insólita. Para comprender mejor el mundo a través de los ojos de Ruiz, Billmeyer asistió a las clases de inglés del receptor. Durante los tiempos de descanso, Billmeyer intentó aprender español. Billmeyer probaría su español durante los ejercicios.
“Me gustaba ir allí y hablarle en mal español y decirle que se alistara”, dijo Billmeyer. “No quería tener a nadie conmigo porque quería demostrarle que yo podía hacerlo”.
En español malo, Billmeyer le enseñó a Ruiz cómo lanzar correctamente a la segunda base. En un primer momento, Ruiz quiso tirar sólo con todas sus fuerzas, independientemente de la mecánica. A menudo, este enfoque implicaba lesiones para el codo y que tendría que reposar por varios días.
“Me tomó cerca de un año a dos años convencerlo de que un movimiento de brazo corto sincronizado con el resto de sus pies y el cuerpo sería igual de fuerte y rápido”, dijo Billmeyer.
En 2004, Ruiz fue programado para entrar en la temporada de la Doble A de los Filis como receptor de reserva. Billmeyer había pasado a convertirse en instructor de receptores a nivel de Grandes Ligas, por lo que Ruiz comenzó a trabajar con Mike Compton, el nuevo coordinador de la receptoría en liga menor.
Ruiz todavía estaba crudo, pero sin dudas había aprendido las instrucciones de Billmeyer. Todo ese trabajo había mejorado notablemente su lanzamiento. Su balance había mejorado, y eso le hizo un experto en bloquear lanzamientos. Pero todavía quedaba mucho trabajo por hacer.
Así como Billmeyer se había encantado anteriormente con Ruiz, Compton se enamoró de trabajar con el receptor. No había ningún otro receptor en el sistema que pareciera disfrutar tanto el aprendizaje sobre la receptoría como lo hacía Ruiz.
Aunque la instrucción de Billmeyer se basó en los fundamentos, Compton le proporcionó el complemento teórico perfecto. Le enseñó a Ruiz acerca de las tres posiciones básicas: la postura pequeña, que consiste en agacharse relajado cuando maneja a los relevistas o en situaciones sin nadie sobre las bases, la postura de acción, en la que los receptores con hombres en bases deben estar listos para bloquear las bolas por la tierra, y quizás lo más importante, la actitud natural, la postura en la que los receptores deben posicionarse de forma óptima para obtener el beneficio de la duda de los árbitros en las decisiones de strikes.
Compton también desafía a los receptores a capturar bolas de alta velocidad — por lo general a 100 millas por hora — a partir de una máquina de lanzamientos colocada a sólo 20 pies de distancia de ellos. Los receptores se cubrían los brazos con cinta protectora para evitar la rotura de sus muñecas. “Los armaba como a un caballero inglés”, dijo Compton.
El objetivo era ralentizar el juego de modo tal que cuando atrapen en un partido real, la pelota parece venir mucho más lenta que cuando vino de la máquina. Otros trucos, como el hacer a Ruiz atrapar por un rato en posición de cuclillas, fueron diseñados para ayudar con el equilibrio. Ruiz tomó la instrucción con facilidad
También había dudas sobre la durabilidad de Ruiz. Se había lesionado con frecuencia durante colisiones en el plato, y su codo de tirar siempre parecía estar adolorido. Pero pronto aprendió a posicionarse mejor en las jugadas en el plato y su forma de lanzar ha mejorado.
A mitad de la temporada del 2004, Russ Jacobson, un muy cotizado pelotero que fue seleccionados en la primera ronda del sorteo, y que estaba al frente de Ruiz en la lista de profundidad en la Doble A, se lesionó, convirtiendo a Ruiz en el regular. Ruiz terminó la temporada del 2004 con 822 de OPS. Su defensa ha mejorado significativamente, y superó el mejor considerado Jacobson y finalmente llamó la atención de la oficina. Por primera vez, Ruiz era un prospecto de buena fe. Todo lo que tenía que hacer era mejorar sus habilidades para decidir cuales pitcheos pedirle a los lanzadores.
No sería fácil. Ruiz se vio limitado por su incapacidad para dominar el inglés. La timidez que había mostrado a menudo en las reuniones también se presentaba en el montículo. Pedía un tipo de lanzamiento, y si un lanzador le decía que no, Ruiz de inmediato le pedía otro. No tenía la confianza para obligar al lanzador a tirar el envío que había solicitado. Los lanzadores tenían poca confianza en él.
Ruiz tuvo la suerte de contar con el ex receptor John Russell como su manager en Triple A de Scranton/Wilkes-Barre. Russell y Rod Nichols, el instructor de pitcheo, trabajaron con Ruiz para desarrollar un plan de juego antes de cada partido. Siempre que cualquiera de los instructores itinerantes de las ligas menores de Filadelfia estaban en el juego, trabajaban con Ruiz entre las entradas para discutir lo que había ido bien y lo que había ido mal con algunos bateadores.
Ruiz también se encargó de estudiar todo lo que pudo sobre los bateadores. En ese nivel, los equipos tienen reportes de los escuchas sobre los jugadores, y Ruiz absorbía los mismos. Ruiz comenzó a aprender acerca de las situaciones que requieren ciertas estrategias. Empezó a ver las cosas en el terreno. Veía los ajustes que hacían los bateadores, y comenzó a pedir lanzamientos para contrarrestarlos.
“Era como ir a la escuela”, dijo Ruiz. “Cuando uno va a la escuela no tienes ni idea de lo que vas a aprender. Pero cada día que pasa, uno aprende cosas. Creo que el deporte es de la misma manera. Algunos hombres nacen con un talento. Pero tienes que cuidar del talento y seguir aprendiendo. La vida es como la escuela. Usted no va a nacer sabiendo qué hacer en cada situación. Se aprende poco a poco.”
La comparación de la escuela era apta. El hijo de un maestro conoce muy bien la importancia del tiempo de estudio. Cuando era niño, Ruiz no se le permitió jugar al béisbol a menos que sus calificaciones fueran de primera categoría. Varias veces Ruiz se sentó en su casa a llorar porque había reprobado una clase.
Los compañeros de equipo y los entrenadores vinieron a su casa y pedirle a Inocencia que le permitiera jugar, porque era uno de los mejores jugadores, pero ella no cedió. Su hijo tenía que ser un buen estudiante.
Cuando llegó el momento para aprender acerca de los bateadores en vez de aprender acerca de las fracciones, Ruiz estaba bien preparado. Cuando llegó el momento de aprender inglés, Ruiz estaba dispuesto a hacer el trabajo. Finalmente, Ruiz fue capaz de comunicarse mejor con los lanzadores en su idioma. Cuando eso vino, su confianza para pedir los lanzamientos mejoró drásticamente, y los lanzadores ganaron confianza en él.
“La educación que mi madre me dio me ha ayudado muchísimo”, dijo Ruiz. “Todas las cosas que tuve que aprender fueron un poco más fácil porque tenía ese antecedente. Hubo tantas cosas que tuve que tener en cuenta, tantas clases de béisbol que tuve que tomar, y sin lugar a dudas, la educación de mi madre jugó un papel importante”.
Una vez que tuvo la confianza necesaria para controlar el ritmo del juego con sus peticiones de envíos, las habilidades naturales de liderazgo de Ruiz florecieron. Cuando era niño, Ruiz, que había elegido jugar con pelotas de béisbol en lugar de coches de juguete, incluso como un niño pequeñito, siempre fue la persona de su barrio que organizaba los partidos de béisbol. Era él quien traía las bolas y los bates, y era él quien escogía los equipos y les ordenaba a todos a sus posiciones.
Tenía una profunda comprensión del juego. Ruiz fue hecho para liderar, y jugar en la receptoría finalmente le sentaba perfectamente.
“Siempre me enseñaron que el receptor tiene que ser el cerebro del equipo”, dijo Ruiz. “No se puede dejar que las cosas fuera de tus tareas defensivas afecten lo que tú haces porque eso afectará al equipo. Hay que mantener siempre el mismo entusiasmo. No voy a decirte que nunca he estado desalentado. Por supuesto que lo estado; como ser humano, eso te puede pasar, pero tienes que superar esos momentos con rapidez para ayudar al equipo”.
A pesar de que los Filis han fracasado este año, Ruiz ha tenido su mejor temporada a los 33 años. Debido en parte a una serie de lesiones, está de cuarto bate en esta temporada, aunque sus cifras sugieren que Filadelfia no ha sufrido ni un tanto por tenerlo en ese lugar.
A pesar de que no llegó a las Grandes Ligas hasta la edad de años 27 en el 2006 y no se convirtió en titular de tiempo completo hasta el año siguiente, Ruiz ha acumulado una impresionante carrera en Filadelfia. Es campeón de la Serie Mundial, ha atrapado dos juegos sin hit lanzados por Roy Halladay, y este año se convirtió por primera vez en miembro del Juego de Estrellas.
Desde 2009, sólo otros dos receptores a tiempo completo (Joe Mauer y Mike Napoli) tienen un OPS más alto que Ruiz, y ninguno de los dos son considerados tan buenos defensivamente.
Sin duda, Ruiz ha sido el mejor receptor en el béisbol desde hace casi tres años.
Ruiz es querido por sus compañeros de equipo, y los aficionados lo adoran y les encanta llamarlo por su apodo: “Chooch”
“Va a pasar a la historia como uno de los Filis favoritos de todos los tiempos”, dijo Billmeyer.
No fue fácil para Ruiz vislumbrar su futuro como estrella de Grandes Ligas. Pero se presionó a si mismo para llegar a ese punto.
“Toda esta gente va a ver el tipo de jugador que soy”, se decía a sí mismo durante esos primeros esfuerzos en su primer año. “Tal vez no me vean de inmediato como receptor, porque es tan nuevo para mí, pero todo el equipo verá mi dedicación y mi amor por el juego.”
Catorce años más tarde, el mundo del béisbol entero ha visto en qué tipo de jugador se ha convertido Carlos Ruiz.

Jorge Aranguré   /    ESPN

 

 

 

Carlos Ruiz Carlos Ruiz #51 of the Philadelphia Phillies hits a broken bat ground out to end the bottom of the second inning against the Los Angeles Dodgers in Game Four of the NLCS during the 2009 MLB Playoffs at Citizens Bank Park on October 19, 2009 in Philadelphia, Pennsylvania.

Ruiz ya ha superado su marca de jonrones en una temporada.

Hanley Ramírez debería ser cambiado ya

 

 

 

Hanley Ramírez no es un tipo muy popular por estos días en Miami.

El pelotero dominicano, dotado de un talento natural para jugar béisbol como hay pocos en las Grandes Ligas, está siendo el centro de muchas críticas de los fanáticos de los Marlins, quienes lo culpan de todos los males del equipo.

Por supuesto que los aficionados exageran, pues Hanley tiene gran parte de responsabilidad en el mal paso de la franquicia, pero es absurdo cargarlo con todas las culpas.

 

Los programas deportivos de la radio local se inundan de llamadas pidiendo un canje que se lo lleve a otro sitio, mientras lo califican de “manzana podrida” que está dañando al resto de la canasta.

Sin dudas, Ramírez cada día se aleja más de aquel superpelotero que estaba llamado a ser el líder natural del conjunto, el hombre en torno al cual se construyera la franquicia.

Pero tener el número 2 en el uniforme y defender originalmente el campocorto no lo convierte automáticamente en Derek Jeter.

La apatía con que juega a la pelota, que en su momento le criticó (y le costó el puesto) el entonces manager Freddy González, es el pan de cada día de Hanley, quien parece no adaptarse por completo a su nueva posición de antesalista.

Su defensa carece de agresividad a la hora de fajarle a los batazos, a pesar de que ahora requiere menos movilidad que en el campocorto. Y en el plato no se parece en nada a aquel campeón de bateo del año 2009, cuando promedio .342 puntos y remolcó 106 carreras.

Una de las estadísticas que mejor mide la grandeza de un pelotero es el promedio de bateo con hombres en posición anotadora.

En este caso, Ramírez ha sido patético, con sólo .189 (de 95-18 y 24 ponches).

Si la situación es de hombres en posición anotadora y dos outs, peor aún: apenas .122 (cinco hits en 41 turnos y 15 abanicados).

Un líder es aquel a quien todos sus compañeros buscan en los momentos cruciales del juego, de quien esperan un batazo salvador que convierta en victoria una inminente derrota.

Pero a pesar de todo su talento natural, Hanley no parece dispuesto a asumir ese compromiso.

Es una verdadera pena que tantas condiciones que le regaló la vida se malgasten de esta manera.

Algunos fanáticos han llegado incluso a decir (lo cual es un rotundo disparate) que los Medias Rojas de Boston, equipo que firmó originalmente a Hanley como agente libre, lo canjearon a los Marlins en el receso del 2005 al 2006 por sus problemas de actitud.

Error. Entonces el dominicano era el principal prospecto de aquella organización que lo envió a Miami para obtener a cambio a Josh Beckett y Mike Lowell, quienes resultaron figuras fundamentales en la conquista de la Serie Mundial del 2007.

Hanley llegó a la Capital del Sol y tuvo un impacto positivo inmediato. Sólo que ese impacto se ha ido diluyendo en la apatía.

Ramírez debería leer con más frecuencia la frase de Mohamed Alií que el dueño Jeffrey Loria colocó en el clubhouse del nuevo estadio de los Marlins: “Un campeón debe tener la habilidad y la voluntad, pero la voluntad debe superar la habilidad”.

O quién sabe si para el quisqueyano ha llegado la hora de hacer las maletas y buscar otro lugar donde renazca su carrera. Su futuro podría definirse en estas dos semanas, en que el mercado de cambios se vuelve más activo.

Aunque ya su valor de canje no es igual que cuando Boston lo mandó a Miami, porque él mismo se ha encargado de rebajarlos con su actitud, los Marlins podrían aprovechar lo que aún le queda para obtener a cambio hombres que de verdad tengan deseos de jugar a la pelota y dejar el alma y la piel sobre el terreno.

Jorge Morejón / ESPN

 

 

 

 

Hanley Ramirez Third baseman Hanley Ramirez #2 of the Miami Marlins poses for photos during media day at Roger Dean Stadium on February 27, 2012 in Jupiter, Florida.

Moss fue Jugador de la Semana en la L.A.

El primera base de los Atléticos, Brandon Moss, ha sido nombrado el Jugador de la Semana en la Liga Americana para el período que terminó el 17 de junio.

En seis partidos la semana pasada, Moss bateó .348 (23-8) con tres dobles, cinco jonrones, 10 empujadas y siete anotadas.

El toletero de 28 años encabezó las Grandes Ligas en slugging (1.130) y total de bases alcanzadas (26), además de empatar en el primer lugar en cuadrangulares e impulsadas.

Es la primera vez en su carrera que Moss es reconocido como Jugador de la Semana.

 

 

 

Grandes Ligas investigan fichaje de prospecto dominicano

Santo Domingo.- Grandes Ligas investigará el fichaje por parte de los Vigilantes de Texas del prospecto dominicano Jairo Beras por $4.5 millones, después que surgió una discrepancia en la edad del jardinero.

Beras originalmente presentó documentos que señalaban que tenía 16 años, pero una investigación de los Vigilantes reveló que el guardabosque de 6’5” de estatura en realidad tiene 17, lo que les permitió ficharlo antes del 2 de julio de 2012.

“En este caso no hubo intención de fraude sino un error material que fue investigado por los Vigilantes y encontraron la situación”, dijo a Prensa Asociada una fuente con conocimiento del caso, quien pidió no ser identificada por no estar autorizada para hablar públicamente sobre la situación.

El gerente Jon Daniels declinó dar declaraciones sobre la contratación de Beras.

Beras pasó por un proceso de investigación de la oficina de Grandes Ligas en República Dominicana y participó en una presentación de los principales prospectos de 16 años dominicanos y venezolanos, organizada por las mayores. En ese momento sus documentos parecían estar en orden.

Los prospectos de 16 años no pueden ser fichados hasta el 2 de julio.

“Vamos a revisar este caso. Todo ha pasado demasiado rápido y tenemos que ver toda esta situación. Pero la realidad es que para las Grandes Ligas, Beras tiene 16 años”, dijo a Prensa Asociada Rafael Pérez, director de la oficina de Grandes Ligas en República Dominicana.

Los prospectos que presenten documentos falsos están sujetos a una suspensión de un año, según el reglamento de las mayores.

“Tenemos que analizar bien qué es lo que ha sucedido antes de fijar una posición”, agregó Pérez.

Las falsificaciones de identidad, edad y adulteración de documentos representan uno de los principales problemas que enfrenta el béisbol en la República Dominicana.

En septiembre del año pasado se descubrió que el relevista de los Marlins Leo Núñez realmente se llamaba Juan Carlos Oviedo y era un año mayor de lo que se pensaba.

En enero, el abridor de los Indios Fausto Carmona fue apresado al salir del consulado de Estados Unidos y se reveló que su nombre real es Roberto Hernández y que tiene tres años más de lo que se creía.

Ambos se encuentran en la lista restringida y esperando un perdón migratorio para poder regresar a Estados Unidos.

 

El gerente de los Vigilantes de Texas, Jon Daniels, declinó dar declaraciones sobre la contratación de Jairo Beras.

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 4,163 other followers

%d bloggers like this: