¿Qué hacemos con Aroldis?

El colega Jayson Stark se ha rasgado las vestiduras en defensa de Aroldis Chapman, a quien considera como merecedor absoluto del Premio Cy Young de la Liga Nacional.

Razones no le faltan, sobre todo cuando demuestra con el peso de las estadísticas la increíblemente dominante campaña que el lanzallamas cubano ha tenido en el 2012 con los Rojos de Cincinnati.

Algunos de los números de Chapman con ridículos. O mejor dicho, han puesto en ridículo a los bateadores rivales.

Quizás la más impresionante de todas las cifras es la del 9.9 por ciento de todos sus envíos que los bateadores han conseguido poner en juego. ¡Los contrarios no han podido hacer contacto con 91 de cada 100 lanzamientos del cubano!

Y ni hablar del promedio de casi 17 ponches por cada nueve entradas o de la efectividad de 0.17 ante equipos del viejo circuito.

Chapman es el único lanzador no abridor que ha ponchado a más de 100 bateadores en la presente campaña y lo ha conseguido en apenas 57 episodios (hasta el martes 14 de agosto).

Y si el zurdo de los Rojos no es hoy el líder en salvamentos (suma 28, tercero de la Nacional) es porque comenzó a desempeñar la función de cerrador a mediados de mayo, cuando la temporada ya llevaba un mes y medio.

En ese lapso trabajó en 21.1 innings y sólo permitió una carrera sucia en 17 salidas a la lomita como preparador del entonces cerrador Sean Marshall.

Los debates sobre los premios individuales son inevitables cuando se acerca el final de la temporada regular.

Ahora bien. Todas esas hazañas las ha conseguido en 57 episodios y entregarle el premio de mejor pitcher del año sería injusto para con los lanzadores abridores, que trabajar cuatro veces más.

De hecho, aunque trabajara para efectividad perfecta de 0.00, no podría, por reglas, aspirar al liderazgo en ese departamento, pues para ello hace falta haber lanzado como mínimo un inning por cada juego de su equipo (162).

No se trata de restarle méritos a lo hecho por el cubano. Se trata de un asunto de justicia.

Nadie disputa que ha sido dominante en extremo, pero no es lo mismo venir a soltar todo el potencial de su brazo (que es muchísimo) en un solo inning, que dosificar la energía para seis, siete o más capítulos.

Un pitcher abridor tiene que enfrentarse a toda la alineación rival, desde la tanda alta, la más poderosa, hasta la parte baja, más débil.

Los bateadores que encara el cerrador dependen de una cuestión coyuntural, pueden ser los mejores del equipo o los peores. Cuestión de suerte, casualidad o como quieran llamarlo.

Tampoco creo, como opinó un lector que se sumó al debate, que los pitchers relevistas sean mediocres que no pueden asumir las tareas de los abridores.

El béisbol moderno es especializado, quizás demasiado para el gusto de algunos, pero, ¿se atrevería alguien llamar mediocre a Mariano Rivera?

En su breve carrera en la isla, Chapman siempre fue abridor y velocidad aparte, no tuvo tanta efectividad, con tendencia manifiesta al descontrol. Particularmente creo que si la salud lo acompaña, Chapman podría hacer una carrera digna del Salón de la Fama, de mantenerse en esta función de cerrador, aunque eso ya es harina de otro costal.

Pero el Cy Young no, por respeto a lo que han hecho Johnny Cueto y a R.A. Dickey, entre otros.

 

Jorge Morejón  /  ESPN  http://espndeportes.espn.go.com/blogs/index?entryID=1589852&name=jorge_morejon&cc=5800

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